Esta semana terminaron los laboratorios en la Facultad. En verdad sigo sin comprender la razón de ser de dichos laboratorios, pero dado que es un requisito…
En mi ingenua ilusión mostré mi entusiasmo por “salir temprano” dos días a la semana. Entrecomillo salir temprano porque para la gran mayoría de las personas de este país tener un horario de entrada a las siete am y de salida a las seis pm –en vez de las ocho pm– no representa ningún motivo para sentirse feliz, mas no así para mi persona, quien encontró en estudiar once horas en vez de trece un verdadero apremio a todo el esfuerzo y motivo para sentirse de mejor humor que de costumbre, sobre todo porque determinados días se presentan ciertas actividades al poco tiempo de mi salida y que en verdad tenía un buen de ganas acudir
Lo interesante del asunto no es tanto el saber porque me agrada tanto tiempo estudiar –algunos afirman que soy un nerd en construcción, aunque nada mas equivoco que ello podría ser– sino la razón del porque lo hago. Es creíble que en un país como Estados Unidos, Alemania, Japón, Italia, etc. los jóvenes se sientan motivados a estudiar carreras relacionadas con las matemáticas, pero no así en un país tercermundista y malagradecido con la ciencia, donde las oportunidades de desarrollo para todo aquel interesado en la ciencia son bastante limitadas.
Por más que lo medito no puedo encontrar otra respuesta de que es única y exclusivamente pasión pura. Ello lo sé porque no tenemos en esta país ningún estimulo real para dedicarnos a la ciencia, la gente minimiza nuestro trabajo o sencillamente no le interesa. La ciencia como medio para alcanzar un nivel de compresión de los hechos que desde niño siempre me ha acompañado, y que creo en mayor o menor medida todos hemos poseído, es lo que representa para mi persona, aunque también lo es como símbolo y medio de escape de una sociedad que en muchos aspectos me asfixia. Poder migrar al que considero el país con la mejor sociedad del globo y poder trabajar con ellos es lo que más deseo. Sentir el aprecio por mi trabajo, por mi esfuerzo, por lo que representa y creer que existen seres como yo que buscan algo más que una efímera existencia es algo de lo que veo en la ciencia.
Cada día, después de dormir poco más de 3 horas, despierto preguntándome si en verdad vale la pena el esfuerzo. Al cabo de unos minutos mi persona sabe que si lo vale y se levanta sin ningún titubeo. Más aun desde el día que me encontré una imagen que subraya lo fácil que en ocasiones es mi camino y del cual aun tengo necesidad en ocasiones de hacer más difícil de lo que en realidad es.
De todas la imágenes que he conseguido en la red, esta es de las pocas que me provocado un sinfín de emociones y pensamientos en mi ser, y que fácilmente me responde a la pregunta de porque fui capaz de despojarme de lo que algunos nombran “placeres de la vida”.
Simplemente lo hacemos porque es la naturaleza humana. Somos lo que somos porque hemos sabido escuchar a nuestro ser y seguir nuestras pasiones a pesar de que el panorama parece bastante desolador.
¿Malgastar el tiempo que algún día extrañe dicen? Es gracioso, pero mientras en México un ingeniero promedio estudia cerca de ocho horas al día, en casos extremos un ingeniero chino llega a estudiar cerca de ¡dieciocho! –supongo que son casos excepcionales o simple propaganda intimidatoria, lol–, y lo peor es que nos superan poco menos de diez a uno.
