El otro día mientras estaba en una clase ajena a mi carrera, un compañero que posee hiperactividad –controlada– estaba conversando conmigo sobre gustos musicales. Dado que su actitud ha provocado que el resto del grupo se aleje de su persona, y dado que la postura del grupo en general le molesto, casualmente tiende a realizar comentarios despectivos y de claro menosprecio por el grupo.

En dicha conversación llegue a decir que no escuchaba música popular, algunos oyeron y al notarlo, este sujeto uso mis palabras para hacer una mofa de la música que en semanas pasadas se habían develado –a través de un ejercicio de conversación– como los “predilectos” por el grupo. Dado que el tiene estudios en el conservatorio, nadie se atrevió a decir nada, bueno, solo un sujeto de nombre Julio me pregunto con cierto tono que si en la música “clásica” o el jazz que tan frecuente se puede hallar a fanfarrones que escuchan algún genero por mera pose, esto en una clara afronta a la actitud del sujeto que conversaba conmigo. Como a mí no me interesan en lo más mínimo sus pueriles confrontaciones solo respondí que era exactamente como en todo género musical. Aunque ahora que lo meditaba…

Es desilusionante saber que encontrar a un amante del jazz o la música académica de mi edad, es prácticamente imposible en este país. Lo que me conduce a encontrarme con un entorno un tanto diferente al que habitualmente me ofrecieron los demás géneros musicales. No obstante, la mayoría de las personas con las que he convivido en un entorno meramente jazzístico, distan de ser del estereotipo generado por la sociedad, aunque lo que no había realmente notado es que una vez que son cautivados por dicho género, difícilmente vuelven a oír otro género. La razón la desconozco, aunque yo me encuentro en una situación similar. Lo mismo sucede con la música académica y supongo que mucho tiene que ver con el grado de universalidad de dichos géneros. Y no, no me refiero al universalismo barato que se maneja hoy en día, sino que hago referencia a algo básico y profundo en la naturaleza del ser humano: su tendencia a la expresión de emociones por medio de la música.

Aunque hay casos excepcionales, eso no lo niego.

Sí, yo creo que en ello radica el hecho de que la gran mayoría de personas que tienen un interés genuino por géneros como el jazz y la música académica hagan de lado el resto. El que su base se encuentre fundamentada en aspectos del tipo musical en vez del lirico le hace poseer un potencial mayor de universalización que el segundo, aunque no necesariamente de comprensión y aceptación en igual proporción. Y es que la palabra escrita aun me parece una actividad sumamente “cerebral”, demasiado meditada antes de ser pronunciada, no así la libertad de las notas que pueden ser concesivas en el preciso instante en que se conocen las líneas de escala y la melodía, de allí que me resulte tan intrigante y maravilloso el jazz. La música académica por su parte es racional en muchos aspectos pero las grandes piezas logran transmitir las emociones y el estado en el que se encontraba el compositor, y todo a través de construcciones sonoras.

A nivel personal, tanto el jazz como la música académica me resultan ser como un retorno a lo esencial. Intentar explicar ello resultaría inútil, inefable es,  no creo que requiere ser explicado o demostrado porque de una u otra forma todos lo hemos vivido y sentido. Es como si uno se encontrase con el camino que alguna vez uno extravió y que por alguna impetuosa necesidad requiere ser retomado.

Мстислав Ростропович interpretando a Bach es el caso más general que me viene a la mente. ¿Quién no ha escuchado y ha quedado maravillado con esta pieza? La pregunta interesante es porque una vez descubierto dicho sonido hemos tenido a mal abandonarlo. No tengo ni idea de cuando esta pieza se grabo en mi mente, ni cuantos años estuvo guardada a la espera de volver a oírla. Solamente se que desde el momento en que estas notas volvieron a mis oídos, no tenía intención alguna de volverlas dejar escapar.  

De que si existe pose o no en algún genero, pues creo que siempre la ha habido y siempre la habrá, aunque ello no dice nada del genero en sí. De hecho, creo que la función de los artistas que viven del público que gustan de la “pose”, cumplen –hasta cierto grado– con una función cercana a la de acercamiento y quizá hasta de introducción a dichos géneros. Lo reprobable surge cuando estos compositores, músicos o intérpretes se elevan a un grado mayor de lo que son. Pero bueno, siempre ha sido así.    

 

Difícilmente alguien que vive de las apariencias podrá escuchar y apreciar la música de seres como Bill Evans o Béla Bartók. No sé, creo que hasta sería raro y ridículo ver que alguien después de escuchar algo como esto se ”deleitara” con Lady Gaga, Shakira, Juanes, Luis Miguel o similar, aludiendo a la profundidad de sus letras :roll:

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