Lo había comentado hace poco, el momento de cambiar mi estilo en la forma de vestir y el cual me caracterizo por cerca de siete años habría de ser modificado.
Con esa idea en mente me había puesto a ahorrar dinero para que durante estas vacaciones llegase el momento de decidir cómo sería mi apariencia. Tenía un buen de dudas, ya que aun deseaba preservar ciertos elementos que desde siempre me gustaron en mi vestimenta solamente que no sabía cómo conseguirlo. Quería hacer del cambio algo nada radical, irme despojando poco a poco de las gabardinas y las botas para incorporar el otro tipo de vestimenta hasta que pasado un periodo de un año el cambio se hubiese dado.
Al final, con un montón de dudas y dinero que debía ser gastado, mi mente me ofreció una alternativa diferente para el destino de ese dinero: comprar un teclado o algún instrumento musical –estuve a nada de comprar un clarinete :mrgreen:– y dejar la vestimenta a un lado.
Fue a través de un sueño que la ansiedad por el poseer un instrumento musical surgió. Aproximadamente la idea de adquirir uno, rondo en mi mente por dos días. Una vez que sabía que no podría sacar dicha idea fuera de mi mente hasta hacer algo al respecto. Al día siguiente me desperté, hice ejercicio, me bañe, desayune y me fui a las tiendas de instrumentos musical con dinero en mano para poder adquirir un instrumento que tanto deseaba mi persona.
El teclado que deseaba era el CASIO CTK300, uno que si bien no es el mejor del mercado, es el que ofrece los mínimos requerimientos para comenzar a aprender a tocar dicho instrumento. No sé si fue por mi mala fortuna pero en el par de tiendas que acudí dicho modelo no estaba en existencias. Por lo que no tuve más alternativa que seguir acudiendo a tiendas con tal de encontrarlo.
Como sabia que me sobraría algo de dinero pensé en invertirlo en la otra actividad que tantas satisfacciones me ha dado. Necesitaba comprar algo de peso y una barra fija para poder realizar ejercicios que hasta ahora no había podido. Habrán sido las circunstancias que rodearon los últimos días de clases, quizá el hecho de haber sufrido un dolor de pecho bastante fuerte en más de una ocasión lo que me impulso en última instancia en detenerme frente a una tienda de aparatos para gimnasio.
Me quede sentado por periodo de tiempo fuera de la tienda, y aunque la gente me vio medio raro, no hice otra cosa más que ignorarlos y pensar en la elección a tomar. El teclado era algo que realmente deseaba, pero sabía que muy posiblemente no lo soltaría a lo largo de las vacaciones, algo malo, ya que necesitaba ir armando una posible tesis en caso de que no se den los resultados que deseo este semestre. Para ello necesitaba tiempo y el teclado estoy seguro no me lo cedería fácilmente. Por otra parte, la presencia de los fuertes dolores de pecho –que en ese preciso instante me hizo pensar que era algo del corazón–, no me gustaron para nada. Y aunque en primera instancia pensé que eran efectos secundarios causados por todo el Red Bull que había tomado en el semestre, no podía dejar de pensar que ello también pudo ser un terrible dolor muscular causado por el descenso en el ejercicio aeróbico durante todo el semestre.
Al final, lo que parecía una decisión nada fácil de revertir, surgida en lo más profundo del subconsciente, fue finalmente rebatida por la parte consciente y lógica de mi persona. El teclado habría de esperar si en dicha tienda encontraba algo que realmente me gustase –y me alcanzase para comprar
–.
Una vez en la tienda y sin mirar mucho supe que lo que necesitaba era una bicicleta fija. Mi persona se sentía con un poco de peso extra –lo que no se si sea cierto
– y dicho aparato me ayudaría a eliminarlo, sin mencionar que se me presentaba como la alternativa para dejar de hacer curls, desplantes, sentadillas y demás ejercicios que tanta flojera me dan. El problema era decidir si llevármela armada o sin armar. Dado que conozco lo que es armar un aparato como estos en casa, se me hizo fácil tomar la decisión de llevármela armada. Una vez pagada y dispuesto a llevármela a casa, me di cuenta que pesaba demasiado como para si quiera sacarla cómodamente de la tienda y buscar un taxi. Afortunadamente la encargada de la tienda se mostro de lo más amable y me ayudo en todo momento, sin mencionar a un par de empleados, quienes me ayudaron a desmontar algunas piezas –base y manubrio– para que esta pudiera entrar en el taxi, el cual también fue llamado por ellos, además de que me ayudaron a cargarlo –mientras yo solo veía– para que al final todavía me dieron la mano y una palmadita despidiéndose de una manera tan amable que yo quede gratamente sorprendido por el trato.

Aproximadamente 12 horas a la semana es el tiempo que paso en este espacio. Y aunque solo tengo tres semanas con la bicicleta, puedo decir que es de las mejores inversiones que se pueden hacer. Ingenuamente creía que sería la alternativa para dejar de lado ciertos ejercicios que en ocasiones tanta flojera me daban el pensar hacerlos –curls, desplantes, sentadillas, etc.,etc.–. Sin embargo, ha resultado ser todo lo contrario: el impulso y complemento que ahora me motivan a no dejar de hacerlos
Confieso que nunca me ha gustado tomar una cosa para dejar otra, sobre todo con un escenario como el que se me había presentado, donde al salir de mi casa yo me veía regresando con un teclado, y sin tantos problemas. Pero una vez que llegue a casa, me sentí totalmente aliviado por todo lo acontecido en esas horas que estuve fuera. No quede para nada arrepentido por haber tomado dicha decisión y aunque aun deseo comprar mi teclado pronto, creo yo que lo mejor es aguardar un poco. Lo mismo sucede con la ropa, ya que después de pensarlo me di cuenta de que realmente me interesa demasiado poco, no me serviría si ello implica dejar de adquirir cosas que por el momento mi persona desea más que otras. Por lo que creo que mi cambio en mi apariencia deberá posponerse por más tiempo, ya que al ver y tocar un teclado de cierto nivel de calidad uno no puede marcharse sino anhelando volver para llevárselo consigo.
Yamaha NP30, un teclado que con el simple hecho de tocarlo uno queda enamorado del mismo. Su único defecto fue el precio, ya que poco mas de 6000 pesos por un teclado no es algo que en ese momento podría pagar, a menos claro, que me hubiesen vendido solo la mitad
Lamentablemente y en mi calidad de estudiante, aun no puedo adquirir tan fácilmente este tipo de medios que seguramente me conducirán a un placer de bienestar mucho mayor en mi vida. Y aunque la espera sea larga, estoy completamente seguro que una vez alcanzada la meta podre adquirir ciertos juguetes que por ahora solo puedo anhelar poseer
Y si, para los que ya me han dicho –más los que faltan– que comencé a entrenar como mujer, tienen razón. De hecho, de mis rutinas en la bicicleta, mucha ayuda he recibido de las mujeres. De igual forma que en las pesas, ayuda de homosexuales he recibido ayuda desde un inicio. Ello no es algo que me de vergüenza reconocer, ya que…
desde siempre he dicho que hago ejercicio por razones diferentes a la mayoría. Y es que cuando las rutinas que emplean tanto homosexuales como muchas mujeres persiguen un fin similar al que yo por el momento busco –salud, tonificación y eliminación de grasas, y no aumento exhorbitado de la masa muscular–, uno no puede hacer otra cosa que emplearlas