Aniversario luctuoso

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Nacimiento de un pensamiento

Dado que estos últimos días he estado de muy buen humor he decidido postear una pequeña muestra de cómo comienzo a hilar muchas de mis ideas. Algo que bien podría traducirse como develar una parte desconocida de mi persona. Esta es la forma en como muchas de mis ideas son concebidas, las cuales posteriormente se pueden transformar en escritos personales o en entradas de este blog.

La siguiente imagen es una muestra -más clara no se puede- de lo que es mi persona. La forma en cómo construyo mis ideas es un tanto extraña y mi manera de escribir -creo yo- es una magnifica analogía de la forma en cómo se encuentran mis pensamientos en mi mente.

Si creen ser capaces de leer el siguiente texto, léanlo.Si no entienden nada, no pregunten 😛

El primer párrafo inicialmente fue concebido como un preámbulo a la critica que sobre el Marxismo y el Universalismo había prometido postear. Desafortundamente dicha critica se extendió a lo largo de seis páginas, las cuales dudo mucho tengan interés de leer. Por tal motivio decidí guardar dicho escrito como algo personal. Las siguientes ideas fueron causantes del nacimiento de otro par de escritos, los cuales no llegaron muy lejos 😛

Existencialista

Días pasados me encontraba releyendo varios de mis escritos con el fin de corroborar algunas de las ideas que predominaban en mi mente. De todo lo leído me encontré con un par de ideas que hicieron brotar una sensación de satisfacción tremenda.

Según un sujeto que visito este blog -es fácil deducir que le paso a su comentario-, la filosofía -no solamente la existencialista- en ocasiones puede llegar a convertirse -para quien las lee- un magnifico manual de vida. Yo discrepo con aquella idea, pero dado que no tenía la certeza real de lo que aquel personaje refería sobre algunos libros de Schopenhauer decidí echarles un vistazo.

He de confesar que dichos libros no los había leído por “miedo” a caer dentro de una posición semejante a la del sujeto del comentario. Creí que lo más conveniente era leer las bases de su filosofía, comprenderla, sacar mis propias conclusiones y continuar nutriendo mi pensamiento con otros autores. El libro que me mantuvo ocupado por un breve pero intenso periodo de tiempo fue EL ARTE DE CONOCERSE A SI MISMO. Soy incapaz de describir la sensación que provoco en mí ser la “semejanza” de ideas que manejaba Schopenhauer de manera personal y las que yo manejo, aunque es obvio que mis ideas no son tan elaboradas, y por lo tanto no pueden compararse con las de un genio como lo fue Schopenhauer, aunque puedo decir con un tremendo orgullo y satisfacción que al menos -creo- partimos de un punto en común. La diferencia es que el creo dicho punto de partida, y yo, solamente me he limitado a partir del punto que el gran filosofo me mostro.  

Justo después del experimento sobre mi persona, y una vez reinstaurada mi verdadera personalidad, mi persona comenzó a sentir una gran sensación de alivio. El despojarme de todo aquello que me define y caracteriza fue algo que fácilmente me condujo a la depresión, siendo ello el motivo de la necesidad -en un par de ocasiones-  de crear un momento de reflexión sobre la razón del por qué buscaba la soledad, pero sobre todo, el porqué incesantemente busco un espacio de “ocio” para realizar tareas totalmente “ajenas” a mi futura profesión. Una vez que me encontraba en todos mis cabales decidí escribir las respuestas a algunas preguntas realizadas en el estado semidepresivo.

Quizá el párrafo que escribí y que más me “atormento” fue aquel que dice así:

¿Sera acaso, que el estado actual en el que te encuentras tuvo cabida únicamente por un deseo real, aunque reprimido, de poder disfrutar algunos placeres de los cuales te has estado limitando? ¿Sera que este autoengaño fue la única manera que hallaste para poder verificar si en verdad el camino proseguido es el correcto, fomentado por la esperanza de poder corregir algunos aspectos de tu persona que quizá no son de tu total agrado? Autoengaño que te brindaría la oportunidad de poder rechazar los resultados en caso que estos no te satisfagan. ¿Sera posible que detrás de todo esto no se esconde otra cosa que un miedo terrible en convertirte en algo que quizá no deseas?

La respuesta a dicha pregunta fue construida bajo la negación de la permanencia de dicho estado, reacción que irónicamente fue predicha con bastante antelación. Las preguntas fueron consideradas como inválidas  ya que solamente constituyeron una forma de adaptación a un estado nuevo, adaptación necesaria y natural que sirve para evitar cometer algún error. Un fragmento -lo demás prefiero dejarlo como algo personal- de la misma es el siguiente:

Lo cierto es que el estado emotivo que creo dicha pregunta puede considerarse como algo totalmente pasajero, fútil y distante, muy distante de la verdadera personalidad de aquel que ha habitado este cuerpo. No fue otra cosa distinta a un esfuerzo natural para justificar la existencia de dicho estado emocional, surgido quizá de la necesidad de hacer más llevadero dicho estado y poder así, justificar su existencia. No es necesario tomar en serio algo que es momentáneo y el cual carece de cualquier tipo de control en la decisión de la mayoría de mis pensamientos y acciones.

Dentro del libro existe una parte donde Arthur Schopenhauer aborda un poco el tema de la depresión -de hecho también habla sobre sus miedos infundados- y dice:

Cuando en ocasiones me he sentido desdichado, ello se ha debido a un meprise, un malentendido respecto de la personalidad, me he considerado, en efecto, como alguien que no soy, y he lamentado su desgracia…Yo no he sido nada de eso; se ha tratado de una materia ajena a mí, un trozo de paño del que acaso se ha cortado el traje que me ha vestido durante un tiempo pero que luego he desechado y cambiado por otro. ¿Quién soy entonces? Aquel que escribió el mundo como voluntad y representación y el que ha dado una solución al gran problema de la existencia, que, comparada con las que le precedieron, podrá parecer anticuada, pero que ocupara a los pensadores de los siglos venideros. Ese soy yo, y ¿qué podría afectarlo en los años a aun me restan de vida?

Comentario personal al párrafo: ¡WHOAO!

En la partde de los puntos suspensivos omiti los ejemplos que Schopenhauer alude para ejemplificar su estado pasajero. En el  momento que concebí una semejanza próxima a lo dicho por mi persona, pero sobre todo en mi forma de concebir el estado depresivo. Simplemente no pude dejar de decir “ah, justo lo que yo hice”

Lo que me llego a sorprender de todo fue una idea que escribí hace tiempo sobre la relación de “supuesto” odio que -quizá- podría reflejar hacia las demás personas. Escribí una entrada y recurrí a ustedes para pedirles su opinión. Por mi parte -y a manera de un escrito personal- escribí unas líneas que abordaban de forma un poco más profunda la forma en cómo mi persona abordaba el asunto. De entre todo lo escrito sobre salen estas líneas:

No comprendo porque la gente es incapaz de diferenciar el desprecio puro del odio, supongo que ello se debe a su necesidad de creer que el individuo “portador de odio” es quien se encuentra en una postura equivoca. Quiero suponer que el rechazo a la idea del desprecio se debe a que aceptar la existencia del mismo les arrebata la oportunidad de autoengañarse y creer que solo el individuo diferente es quien necesita ayuda, no así la masa.

El peor error que mi persona podría cometer es llevar al mundo exterior a mi interior. Si permitiese el acceso de todo el mundo exterior -NOTA: con mundo exterior hago referencia a todo lo referente a lo popular, fútil, todo aquello que busque una universalidad tanto de personas como de ideas- y le permitiese una instalación permanente del mismo en mi interior me resultaría prácticamente imposible mantenerme a salvo de toda amargura, la cual seguramente me conducirá a un odio innecesario. Este ultimo sentimiento es algo que personalmente no se me apetece probar, a menos claro, que desee portar penas y frustraciones por meras criaturas que en realidad no valen segundos de mi vida una vez que se ha comprendido que su actuar casi siempre son meras respuestas instintivas y nada más.

Sencillamente no concibo a mi persona molestándose por la actitud de todo ser que gustan llamarse mis iguales. Lo más que podría hacer por ellos es no dejar verlos como algo interesante, aun cuando se traten de soporíferas criaturas que hacen de esta una empresa casi imposible de sostener.  

Estas ideas puerilmente escritas -dado que nunca tuve la intención de publicarlas para que fuesen leídas por alguien diferente a mi persona- me brindaron lo que finalmente seria la confirmación de algo que quizá siempre supe pero que no terminaba por reconocer. El siguiente párrafo muestra lo que este gran filósofo pensaba sobre el odio a las demás personas.

Y así como a las bestias peligrosas se les teme pero no se les odio, así me porto yo con los hombres. No quiero ser alguien que odie a los hombres, si no alguien que desprecia a los hombres. La primera condición para poder despreciar adecuadamente a aquellos que lo merecen, es decir, a gran parte de la humanidad, es que no se les odie; de ahí que no haya que dar cabida al odio; pues lo que se odia no se desprecia completamente. Al revés, el medio más seguro contra el odio al género humano es precisamente despreciarlo; pero con un desprecio tan radical que sea el resultado de una compresión inequívoca y lucida de la inconcebible pequeñez de su carácter, de la enorme cortedad de su entendimiento y del egoísmo ilimitado de su corazón, que dan lugar a una injusticia ostensible, una envidia extrema y una vileza a veces rayana en la crueldad.

En otro párrafo se refiere  a los hombres de la siguiente manera:

El miedo a ser minusvalorados es natural en la mayoría de las personas, por ello, cada uno cuida de que los demás no los tengan en menos de lo que ellos se tienen a sí mismo.

Intentar perder tan poco tiempo con fuese posible en aquellas criaturas que por ser bípedas se creen con derecho a tratarnos como sus semejantes; y si se dan cuenta de que no lo son, como sucede casi siempre, tienden a pasarlo por alto astutamente y siguen tratándonos como tales; mientras que tenemos que soportar, además de la consabida congoja de que no lo son, el dolor de ser tratados injustamente.

No sé si es por el gran impacto que la filosofía de los existencialistas hayan tenido en mi persona, pero el hecho de llegar por mi cuenta a pensamientos próximos -bastante mas sencillos y jamás de forma literal o lineal-a los que tenia escrito Schopenhauer de manera personal me provocaron un estado de satisfacción plena. Y no porque crea que me encuentre en un punto cercano al de tan magnífico filosofo, si no por la sencilla razón de que dichos pensamientos fueron concebidos de forma tan natural en mi persona que finalmente puedo decir que he logrado encontrarme con mi verdadera naturaleza.

Hitler escribió en mi Lucha que a la edad de los 23 años poseía todo el conocimiento que requería. Yo no puedo ser tan ingenuo -o tan optimista- pero al menos puedo decir con orgullo que a los 23 años yo pude finalmente forjarme una verdadera idea de mi persona, una identidad a partir de la cual comenzare a erigir el resto.

Finalmente y gracias a la ayuda de los filósofos existencialistas puedo decir que he reencontrado mi verdadero camino.  

Pensamiento actual

Nun enim vile tantummodo foedumque, sed (quod invitus dico, quodque utinam non tam late notum experientia fecisset assidueque faceret) perniciosum quoque, varium et infidum et anceps et ferox et cruentum animal est homo!

Conducta imitativa

Un comportamiento que ha cautivado mi atención desde hace tiempo es la denominada conducta imitativa. Hasta donde sé, dicha conducta se encuentra mayormente presente en la niñez y esta con el tiempo -al menos creo que- debería ir “desapareciendo” poco a poco, según la persona vaya creando su propia identidad.

La razón de que no me guste nombrar a toda persona que conozco -o converso- como amigo se debe principalmente al hecho de que nunca me presentare ante ellos completamente como soy. El caso de Julia -si no la recuerdan, es la única mujer de este semestre con la que entablo una conversación, aunque últimamente…- es una muestra clara de lo que les hablo.

Mi comportamiento después del experimento comenzó a cambiar y mi persona regreso a su narcisismo natural. En un inicio a esta niña le costó un poco comprender mi cambio, a tal grado que ahora imita mi conducta en algunos aspectos -fenómeno que aun encuentro hoy en día  en varios de ustedes- lo que me provoca una sensación bastante extraña.

Simplemente no comprendo, si la persona -en este caso yo- cambia un poco su manera de ser a tal grado que su compañía llega a ser un tanto molesta o no tan agradable ¿Por qué demonios hemos de cambiar para seguir apreciando su compañía? ¿Tan baja se encuentra la autoestima de la persona que requiere adaptarse a las nuevas “circunstancias” para no sentirse despreciado?

El contacto con Julia continuara por lo menos un par de semanas más, aunque seguiré observando su conducta. Es claro que antes de deshacerme de ella creo es necesario llevar a cabo algunas acciones para reafirmar si mi idea es cierta o solo se trata de una alucinación propia de mi personalidad paranoica. Si lo primero es cierto significa que quizá deba prolongar un poco nuestra “amistad” para divertirme un poco con su actuar, de lo contrario, creo que habrá llegado el momento de aceptar el hecho de que mi persona ahora la ve como siempre tuve que verla y es tiempo de buscar algo más.

En una época es necesaria, pero si la conducta persiste -creo yo- estamos frente a un problema, resultado -supongo- del infantilismo prolongado al que ha recurrido la humanidad.

Anhelado reencuentro con la Sociedad.

Y no, no me refiero a la que se podrían imaginar, si no hago referencia a la Sociedad Acústica de Capital Variable.

Justo en este momento en el que siento que mis observaciones sobre la “maravillosa” Big Band Jazz de México fueron injustas, aparece de la nada -y vaya que llevaba tiempo esperando su reaparición- la Sociedad Acústica para redimirme de mis pecados, mostrandome -eso creo- que lo que dije no es del todo equivoco 😀

No creo que mis críticas hacia una Big Band Jazz de México -nombre más correcto, diría yo-  sea injustas, pero sí creo que dichos músicos están destinados a “crear” un tipo de “Jazz” que en lo personal no me agrada en demasía. Para muestra un botón.

Una Big Band tocando al lado de Juan Topo 😛

Aguante Sociedad ya que siempre que pueda estaré con sus ustedes. 

P.D. Si, el tema con una Big Band Jazz de México ya es personal, la proxima vez no escribo nada que me cree altas expectativas si no hasta que se cumplan 😛