Sobre las amistades

Decía mi profesor Miguel:

“Los verdaderos amigos se consiguen en el bachillerato. En la universidad y ámbito laboral existen aspectos que impiden el nacimiento de una verdadera amistad”

Yo forme amigos en esa etapa, los mejores que he tenido en toda mi vida, pero ahora ya no cuento con ellos. Nuestras personalidades impidieron nos hicieron incapaces de mantener nuestra amistad, llegando a un punto de ser más que un nombre detrás de un blog.  Ahora que me  encuentro completamente solo -algo que tanto anhelaba, aunque no he podido adaptarme por completo dicha situación, algo obvio ya que esto tiene poco tiempo de sucedido- me encuentro en una postura de claro desinterés en sustituirlos, simplemente porque ello sería imposible. Lo que aun sigo lamentando es mi incapaz de forjarme las suficientes cualidades como para dejar de acudir a la compañía de las demás personas. Pareciera que ello requerirá más tiempo.

Confieso que en ocasiones me siento algo desorientado pero no extraviado. Desde siempre he sentido que existe un vacío que mis contemporáneos no podrían llenar, y que mis amigos con serias dificultades cubrían. Llegue a un punto en el cual sentí que yo era realmente el extraño -aquella voz que tanto menciona Nietzsche me ha invadido en más de una ocasión-, lo bueno es que los de siempre,  me han demostrado que ese sentimiento ha acompañado a la humanidad desde sus inicios. El magnífico -y quizá mi padre ideológico- Arthur Schopenhauer decía:

“Su letra muerta -de los grandes maestros- me es más entrañable que la presencia viva de los bípedos”.

Mi profesor decía que si no forjas amigos en esa etapa difícilmente podrás conseguirlos más adelante. Yo los tuve, pero ahora los perdí, ¿qué demonios significa ello para el profe? ¿Acaso significa que hoy en día lo mejor que una persona como yo puede hacer es recurrir únicamente a la búsqueda de aquellas personas que vivieron en otra época bajo el mismo sentimiento que me acompaña?

Lo que en verdad me aterra es el hecho de que Schopenhauer aclara que las más grandes mentes de la historia han vivido bajo este sentimiento, y que ellos, únicamente a un hombre con el mismo sentir  han de recurrir. El problema deviene a que es imposible que me encuentre a la altura de essas mentes, y quizá la existencia de una remota incapacidad de comprenderlos me conduciría a un retorno “forzado” al pensamiento común, lo cual también a estas alturas me resultaría imposible. En verdad me aterra ser incapaz de posicionarme en el mejor lado de la moneda, y por lo tanto, quedar  atrapado dentro de estos dos opuestos. Aunque lo peor sería no intentar nada.

Supongo que después de todo Schopenhauer siempre tuvo toda la razón al afirmar que todo nuestro entorno esta predispuesto para que el ser humano no posea más que una tormentosa existencia. Pero, si osara a rehuir de la misma, negando con ello todo rastro de humanidad, tan solo conseguiría conducirse al mismo camino que la mayoría de los hombres: una existencia basada en meras trivialidades y carentes de significado. Algo que todo filosofo de cualquier época supo.

No comprendo si lo mejor es continuar solo con las palabras de aquellos con quienes me identifico, o lo mejor -dado que aun no consigo lo que ellos poseían- seria intentar buscar a algún contemporáneo que se encuentre en la misma condición a la misma y hacer más llevadero el viaje.

La mayor parte del tiempo no tengo problemas en comprender como debo continuar el camino. Solo en ocasiones algo surge de la nada y me hace dudar por un breve instante.

Ver reunidos a un grupo de seres como estos es una de esas pocas cosas de este mundo que realmente me intimida. Si llego a comprenderlos a la perfección, la intimidación -dada la realidad que nos muestran- que proyectan sus ideas -y personas- se convertirán en mi mejor compañía. Como algunos de ellos fueron la mejor compañía para otros.

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Error

Después de tanto tiempo en la carrera ha llegado el momento de aceptar que mi elección fue un error. Y no, no es en el aspecto que se podría llegar a creer. No elegí mal el área de estudios -aun cuando muchos creían que mi área idónea eran las humanidades- tan solo elegí mal la carrera.  El problema mayor al que me enfrento hoy en día es en mi poca capacidad de esforzarme por ayudar a resolver los problemas  -casi todo tan simples- que se presentan a los usuarios. Me parecería que estaría desperdiciando años de mi vida si concluida una carrera me atreviera a ponerme al servicio de las personas, con el único fin de resolver sus pueriles problemas “computacionales”.

Algunos dicen que es mi gusto por el elitismo y mi sentimiento de inferioridad el que habla. Yo creo que lo único cierto es que siempre tuve una idea errónea de lo que la carrera de ingeniero en computación podría ofrecerme. Desde la secundaria me imaginaba creando algoritmos que solucionaran problemas complejos, me imaginaba manejando matemáticas puras trasladadas a los lenguajes de programación con el único propósito de dar solución a un sinfín de problemas. Lo que nunca pensé fue en el hecho de que los “problemas” que se presentarían seria resultado de meras trivialidades. Al final de todos estos años he descubierto que dicha carrera no crea algo distinto que simples medios -autómatas- capaces de solucionar los problemas y necesidades del mercado. Ningún motivo por el cual yo la elegí existe, por lo menos no así dentro de los planes de estudio y finalidad de existencia de la carrera dentro de la UNAM. Ello es una verdadera pena.

Recién ingrese a la facultad, mi tutora así como algunos profesores me dijeron que quizá era conveniente que le echase un visitado al plan de estudio de la carrera ciencias de la computación. Me dijeron que muy posiblemente -sobre lo que les comentaba- estaba en la carrera equivocada. Desafortunadamente nunca les hice caso. Y ahora mi persona se encarga de reclamarme dicho error.

Lo mejor que se puede hacer en momentos como este es ver el lado positivo de las cosas. De hecho me parece magnífico el haber descubierto -a tiempo- que nunca seré buen ingeniero. Ello se me presenta como un aliciente para corregir el camino, de forma tal que continuar mis estudios hasta encontrarme en el nivel de especialización que pueda satisfacer mis necesidades -doctorado- es lo mejor que puedo hacer.

La ingeniería lejos de estancarme me ha brindado las herramientas que requería para continuar aprendiendo en otras áreas. Me exigió ser autodidacta y ello me ha abierto la puerta a un sinfín de conocimiento, el cual permanece cerrado a miembros de otras áreas donde el sistema de enseñanza paternalista predomina -tan solo vean el perfil de los contadores-. Si soy capaz de profundizar en el estudio de las señales, así como dominar algunas áreas que me ofrece la ingeniería en computación, podre conducir mi comprensión de la música a un nivel distinto del que ahora poseo y que los músicos comerciales ignoran. Supongo que ahora podre terminar mas prontamente una carrera alterna. Y si, ingeniería en audio es lo que me interesa.

En lo que ahora debo concentrarme es en meditar bien que área de especialización elegir. Todavía me falta un poco de tiempo para concluir la carrera, pero creo que comenzar a estudiar las posibilidades es lo mejor que puedo hacer, sinceramente no quiero volver a cometer otro error semejante.

Según las palabras de mi profesor Miguel la música es el único arte donde la lógica se encuentra presente. Desde cierta perspectiva -para personas como nosotros que estructuramos nuestro pensamiento a través de abstracciones en vez de  instintos- ello podría ser cierto.

Fin de semestre

Con un diez y dos nueves -del resto no puedo decir nada ya que necesito terminar los proyectos que se entregan la segunda semana de finales- de calificación, y con una poco menos de una semana de clases, prácticamente puedo decir que para mí el semestre concluyo antes de tiempo.

Como deseo continuar con mis estudios de maestría, y debido a la existencia de algunas personas que ven mi promedio como herramienta de evaluación, opte por recurrir a algunas técnicas poco ortodoxas con el fin de darles gusto a estas criaturas y obsequiarles lindas cifras, las cuales a mi parecer nunca han dicho, ni dirán nada sobre mi inteligencia, y mucho menos determinan mi valía como individuo. Dado que no estoy interesado en graduarme como especialista en relaciones humanas, al final opte por hacer lo que era necesario: mandar al carajo todo -y a todo ellos- ello con que me auxilie en un principio y proseguir por mi cuenta.

Sería un hipócrita si no reconociera que en algunos momentos me arrepentí de dicha decisión, a tal punto que lamentaba el no contar con alguien que me apoyase en la realización de alguna parte de trabajo. Pero gracias a Dios, mi verdadera personalidad salió a flote para reajustar todo aquello que me estaba haciendo mal.

No se a que se deba, pero en estos momentos soy incapaz de no pensar sobre el resultado del CELE. No comprendo si el hecho de ser relegado de dicho centro fue el motivo que requería para descubrir que mis calificaciones eran realmente malas, y que dicho resultado podría ser una premonición de lo que sucedería al momento de solicitar mi ingreso a estudios de posgrado, o, quizá, esta respuesta fue tan solo reflejo del sentimiento de inferioridad que comprendo existe en mi persona -claro, no como en el resto de la población-. A nivel personal me inclinaría sobre la primera respuesta, aunque uno nunca sabe.

El fin del semestre representa para mí una liberación. Puedo proseguir con el aprendizaje en  mi área, pero a sí mismo de otras tantas que me fascinan. Estoy muy atrasado en mi lectura -apenas llevo 8 de los más de 30 libros que me propuse para este año-, ni se diga de las lecciones de música -lo malo es que ahora debo pagar, lo bueno es que podre recibir asesoría si lo deseo, y lo mejor es que algunos cursos como arreglos, armonía, armonicos entre otros, se han expandido- e italiano -no he podido compensar las 10 horas de retraso que se me indican-. También quiero ir a un par de conciertos, y a algunos museos. Estas seis semanas de vacaciones me parecen tanto y tan poco tiempo a la vez.

El hecho de que no haya clases no es motivo suficiente para dejar de visitar este maravilloso campus.

En esta magnífica sala centro buena parte de mis esperanzas. Espero que no me desilusione como en las vacaciones pasadas.

Dilema musical

Tiene varios meses que deje de escuchar a Marcus Miller debido a que la capacidad de mi reproductor se ve fácilmente rebasada por la cantidad de música que desearía portar conmigo.

Mientras escribía el post anterior comencé a escuchar el disco que lleva por nombre Thunder. Álbum en el que Marcus Miller se reunio con Victor Wooten y Stanley Clarke -si tan solo estuviese con vida Jaco Pastorius 😥 -. Mientras lo oía, sencillamente no pude dejar de emocionarme con este pedazo de composición.

Joder, por donde se le vea esta pieza es sencillamente magnifica. Creo que es momento de comenzar a hacerle espacio a este disco. ¿Pero a quien borro?

Padre e hijo. Estos magníficos músicos cubanos -cuya historia personal me parece bastante interesante- fueron los responsables de despojarle a Marcus Miller de su espacio en mi reproductor. Difícilmente sucederá lo contrario. Si no mal recuerdo Chucho anda por estas fechas en México -en el lunario del auditorio se presentaria, creo-, sería una delicia poder asistir a uno de sus conciertos. Lastima que aun me encuentre inmerso en el “maravilloso” papel de estudiambre -como dice mi profe de sistemas operativos-, y lo peor es que mi “hambre” es diferente 😦

Concierto Paté de Fuá

La razón por la cual las últimas entradas parecieran responder a temas sin importancia y sumamente banales no podría sino deberse a que los temas que realmente son importantes me causan un poco de problemas.

Para nadie es una novedad el disgusto que siento por estar en la Facultad de Ingeniería. Las razones son un tanto más complejas de lo que se puede creer. La principal, es el hecho de sentirme fuera de lugar, sobre todo por la falta de convergencia en los intereses de las personas que “poseen” el perfil de ingeniero y mi persona. Sencillamente me ha resultado imposible dejar de repetir en mi mente esta pregunta:

¿Estás seguro que no te has equivocado de facultad?

Una de las pocas cosas que me hace olvidar de todo es escuchar música. Me encierro en mi cuarto por horas y escucho música de forma aleatoria. Si tengo suerte un concierto se presenta y tengo la oportunidad de escaparme completamente.

Para mi fortuna este sábado Paté de Fuá ofreció un concierto en el Faro de Oriente. Dado que la música de dicha agrupación en sencillamente exquisita y el lugar me trae muy buenos recuerdos -allí conocí gente interesante cuando estudiaba en el CCH- no dude en acudir. El concierto fue maravilloso y bastante más prolongado de lo acostumbrado.

Hoy mismo pensaba hablar sobre el concierto, y mientras trataba de hallar algun video del mismo -en You Tube- me encontré con el siguiente:

La manera de desenvolverse en el foro de televisión es radicalmente opuesta a la presentada el día de ayer -asi como en algunos otros lugares, tales como la Facultad de Química-. Es sorprendente el cambio -se les veía un rostro totalmente diferente al tocar, y era maravilloso ver como disfrutaban hacerlo- tan solo porque su público era distinto, tan solo porque era lo que ellos necesitaban y buscaban. La gente del foro de televisión no tenía ni idea de lo que tenían en frente y ello mermo el entusiasmo del grupo a tal grado que pareciera que solo esperaban el momento de largarse de allí.

Creo yo, que aunque mi estadía en la Facultad es en ocasiones frustrante, ello no debe desmotivarme a proseguir mis estudios. Lo que he pensado seriamente es que quizá si me equivoque en la elección de carrera, pero no tanto como se podría creer. He comenzado a descubrir que no soy bueno como ingeniero y ello puede representar más que un obstáculo un aliciente. Creo que lo mejor -por el momento- es optar por actuar de la misma forma que en ellos durante su presentación en el foro de  televisión. Hacer lo que se y disfrutarlo lo más que pueda, seguir adelante, quizá si tengo un poco de suerte, podre encontrarme con personas que disfruten con la misma pasion y entusiasmo -y no estudien solo por ganar dinero para vivir- las cosas que hacemos.

¿Justicia Divina?

El día de ayer jueves ocurrió algo bastante gracioso. El examen que debía entregarse ya estaba hecho y entregado, tenía la semana libre, o eso creía ya que el miércoles por la noche recibí un mensaje que me informaba que debía que acudir a clase el Jueves -yo había mencionado que volvía hasta el jueves 27-.

Creí que dicho mensaje era un mero formalismo para recodarme que la entrega a tiempo de dicho examen no era una excusa para abandonar la clase -tan solo tendría que el ir jueves a dejar todo el trabajo que faltaba- y relajarme definitivamente, dejando de lado el resto de trabajo que faltaba.

Si hubiese sido una materia que se encontrase al inicio o final del día no hubiese acudido. Dado que es una clase intermedia decidí ir a echar un vistazo.

El profe fue conciso, después de despejar algunas dudas y dejar al resto resolviendo o finalizando sus exámenes me llamo para que hablase con él. Me dijo algunas palabras que no vale la pena recordar -con las cuales justificaba su decisión-, las cuales lo condujeron a decir:

“he decidido que no hace falta que entregue el resto del trabajo para evaluarlo, puede irse tranquilo  de esta clase ya que tiene nueve de calificación”

Comprendo los argumentos que ofreció para liberarme del resto del trabajo que faltaba, comprendo su necesidad de hacérmelos saber, pero simplemente no llego a comprender como es posible que alguien que en un inicio de semestre argumento que mis ideas eran meras patrañas haya sido capaz de cambiar tan drásticamente su actitud hacia mi persona.

Me interesaría mucho saber que fue lo que pensó el profe al momento de decir todo lo que dijo. Supongo que es difícil reconocerle a alguien -con quien tienes serios conflictos personales- su trabajo, sobre todo cuando posees la capacidad de hacerle más difícil el paso. Es loable su actitud, aunque me parece extraño que dicha actitud cambie tan drásticamente, sobre todo cuando ni siquiera se dignaba a verme mientras daba su clase. No sé porque pero mi mente paranoica me dice que puede existir otro motivo para que se me evaluase antes de tiempo… ¿será?

Sobre la postura de las personas en el caso Diego Fernández de Cevallos

Si existe un político en México causante de la repulsión que como individuo siento hacia los políticos no podría ser otros que el recientemente plagiado Diego Fernández de Cevallos.

Se podría partir de un sinfín de deducciones sobre las razones de la situación de dicho político. Pero ellas sencillamente no pasaran de ser eso, deducciones e hipótesis.

Es lamentable el hecho de saber que gran parte de la sociedad de este país sea incapaz de ver la situación real en la que nos encontramos -claramente vamos hacia una colombianización- y decidan -en vez de analizar detenidamente el suceso- disparar un sinfín de elogios por “aquellos” que fueron capaces de “librarnos” de un ser como Diego Fernández de Cevallos.

No soy analista político ni nada por el estilo, pero mi sentido común me dice que un grupo de delincuentes -que han demostrado tener un nulo respeto por la vida de los “civiles”- no son los más idóneos para tomar el control político y social de este país. Colombia es el ejemplo más claro de lo que sucede cuando un grupo de delincuentes -que no solamente tienen el control de narcotráfico, sino además secuestran, asaltan, etc.- toma el control de un país.

Creo que es un grave error no asimilar que el narcotráfico es un negocio fructífero para este país -según los datos de algunos analistas el crimen organizado genera el ¡40% del PIB nacional!- , de lo contrario corremos el riesgo de adoptar posturas tan erradas como el vivir en conflicto permanente con un mal “necesario”. Sobre todo porque su erradicación total requeriría terminar con el consumo de droga en varios países del mundo.

Los italianos nos han demostrado cual es la solución de dicho problema, algunos se han atrevido a realizar recomendaciones y observaciones sobre la situación del país, las cuales aluden a la necesidad urgente de una participación integra de la sociedad,  algo que no me alienta demasiado, sobre todo por la actitud mostrada la misma en los últimos días.

El hecho de que se trate de una figura pública repudiada,  ha entorpecido que la gente realice un análisis sereno sobre la importancia del tema. Aunque tampoco se debe olvidar que esa gente que hoy en día lo abuchea y “desprecia” es la responsable de que figuras como el surjan y se mantengan.