Aburrido como la cultura e incongruente como la razón

A lo largo de mi existencia he logrado reunir un sinfín de discontinua e incongruente palabrería, mucha de la cual, algunas criaturas consideran es lo más próximo a una definición de mi persona. Podría –si fuese un ser benevolente y magnánimo– jugar con dichas palabras tratando de formar una representación mucho más fiel y cercana a mi ser, pero como ello no ayudaría mucho, y dado que no me gusta conducirme lejos de mi naturaleza, optare por otro método.

Había comentado que me alegraba mucho el disponer de un poco de “tiempo libre” –el cual obtenía con la finalización de los laboratorios–  durante estas últimas semanas de clases en la facultad. El poder expandir mis medios de enriquecimiento personal –los cuales pueden fungir al mismo tiempo como medio de recreación– era uno de mis deseos que pensaba realizar en ese pequeño periodo de tiempo.

Como también han de saber, la música representa mi primera opción a la hora de pensar en algún evento denominado cultural. Dado que durante el último semestre escolar había palidecido de serios “problemas” en la cuestión de poder asistir a los conciertos que deseaba, comencé a idear en la manera en cómo podía saciar la ansiedad que me carcomía para cumplir con cierto número de conciertos o eventos. Después de meditarlo un poco comencé a notar que los conciertos de música son grandiosos, pero una parte de mi quería explorar algo más. Quizá sea el simple hecho de que no soy más que un amante de la música sumamente frustrado lo que genero la impetuosa necesidad de buscar algo –o alguien– que de alguna manera me mostrase una perspectiva diferente de la música, que me enriqueciera de una forma distinta de como lo venía haciendo –y no es que fuese malo, solamente que creo que algo como es la música me puede conducir a algo mucho, pero mucho más profundo de lo que he conseguido–.No tarde mucho en dar con lo que creo es el acompañante natural de la música…la danza.

Son pocas  las veces que he asistido a un evento de este tipo –cuatro o cinco, cuando mucho–, y en estas no he hecho más que confiar en lo que se sobre la música que emplearan para más o menos hacerme a una idea de lo que podría esperar –aunque siempre difieren sobre lo que había pensado–, razón por la cual confieso que en cuestiones de danza soy un neófito en su máxima expresión. No entiendo mucho, de hecho, y para ser completamente sincero, entiendo nada, no obstante, y a pesar de todas las carencias que pudiera poseer, la danza me agrada en muchos sentidos. Me gusta la incertidumbre que genera en mi persona las miles de posibilidades que brinda la pieza –un apego directo al contexto (estado emocional del compositor) que dio forma al nacimiento de la pieza, el resultado final (el cual aunque transmite la misma idea o sentimiento, se puede encontrar proyectada en otro evento que poco tiene que ver con el original) o simplemente tomarla como el escucha la comprende–, como se desenvolverán, pero sobre todo, me fascina ver como los bailarines hacen de la pieza algo suyo, como la sienten y disfrutan, ver como todo ello lo consiguen proyectar de una forma hermosamente natural –que en esencia creo lo es– a pesar de que ello ha sido meditado, estudiado y ensayado meticulosamente una y otra vez.

Y es que en aquella noche de jueves, todo se conjunto para que al menos una gran parte de la función realmente me dejase boquiabierto. Primero, la compañía era de danza contemporánea, lo que se podría decir, sirve para hacer más accesible –dado que es algo que se distancia un poco del rigor técnico y se acerca más a lo meramente interpretativo– el disfrute de la obra, claro, solo si al igual que yo, apenas comienza a adentrarse en esta expresión artística y cultural. Segundo, que de la compañía ya había oído antes y el medio a través del cual me entere sobre la presentación ofrecía una reseña bastante útil sobre la temática de cada una de las representaciones. Y por último, el que se utilizara el Danzón no. 2 para una de estas obras me hizo pegarme al asiento y prestar atención a cada detalle, disfrutar de cada desenvolvimiento, estando dispuesto a dejarme maravillar por todas y cada de las sublimes expresiones corporales que las tres bailarinas nos obsequiarían.

Y es que fue justo allí, en dicha obra, donde, apenas hace poco más de un mes –y por medio de una expresión visual– que redescubrí la soberbia y elegancia de una creación musical bastante conocida, idónea acompañante para tan bello homenaje a una profesora sumamente respetada y admirada como es Guillermina Bravo y que para mi persona posee la misma esencia que muchos encuentran en este ser y que yo encuentro en cada nota del Danzón No.2 de Arturo Márquez: la representación sutil y necesaria de la transición de lo rígidamente técnico como base, a lo interpretativo y expresivo.

En vivo resulta un deleite para la vista, un espectáculo hermoso en muchos aspectos, el cual tiende a perderse a través de la lente de la cámara –sobre todo si esta es colocada en una superficie de ladeada :-P–

De una forma mucho más personal he de decir que el nivel expresivo que poseía el trabajo de Contempodanza logro estremecerme en gran cantidad de ocasiones. El apoderamiento, apasionamiento y reclamación que las bailarinas hacían de la música –que de cierta forma era una manera de mostrar la labor de esta profesora por la danza–, así como el dominio que poseen de su cuerpo y su nivel de expresión corporal fue algo –y lo digo muy en serio–que me conmovió en un grado bastante elevado –lo bueno que fui solo :-P-, lo cual pocas veces he experimentado con algo distinto a la música. Simplemente me resultaba imposible el poder imaginar la rica perspectiva de la existencia que seres como ellos han de construirse cuando el mismo medio de contacto con su entorno funge como su mayor medio de expresión. Elevar a tal grado la comprensión y entendimiento de sus cuerpos debe permitirles alcanzar un nivel de entendimiento de sus personas como pocos, muy pocos seres en el mundo deben lograr. Y ello, sin espacio para la duda, es algo que me penetro muy dentro de mí ser logrando despertar cierto sentimiento de envidia por lo afortunado que pueden llegar a ser los bailarines. Y es que por más que me esfuerce jamás podre expresar una idea mía por medio de algo tan vivo y directamente ligado a mí persona como lo es mi cuerpo. Me resulta algo triste el saber que únicamente conseguiré expresar muchas de mis ideas con construcciones totalmente ajenas a mi persona y muchas de las cuales jamás llegare a contemplar como algo físico siquiera. Y aunque este pensar puede resultar bastante deprimente en muchos sentidos, no lo es en su base, ya que me reconforma el saber que de seres como ellos yo puedo contemplar y enriquecerme de algo que jamás podre lograr, sin olvidar que mi campo es otro y las recompensas que el mismo me bridara son diferentes pero igualmente satisfactorias.  

Al final de la función, y mientras viajaba de regreso a casa, no podía dejar de recordar mucho de lo visto, trataba de tomar únicamente pequeñas partes, algo que al final resultaba imposible dado que cada pequeño momento que recordaba tendía a conectarse con otro, y este con otro hasta llegar a un todo. Todo que me incitaba a la reflexión de la obra en su conjunto. Cuando al fin tuve conciencia de lo que sucedía descubrí algo interesante, y es que de las expresiones culturales jamás he pensado ni sentido que estén allí para el simple entretenimiento. No, su nacimiento y su razón se der se debe a razones diferentes: reflexión y medio de encuentro con uno mismo, algo totalmente lejano a la diversión y evasión que tanto desea el hombre vulgar. De allí que mi persona adore la música, que adore dicha función de danza y otras formas culturales como lo son el teatro.

El poder tener conciencia plena de ello termino por redondear el día. Y es que fue gracias a una expresión artística que hasta hace poco tiempo atrás se encontraba distante a mi persona que termine por encontrar otra pieza, otro momento que condujo a un entendimiento mayor de mi persona. Fue de hecho en esa misma noche cuando la frase que titula esta entrada nació y que de forma inmediata desbordo todas las ideas y pensamientos escritos. Pensaran ustedes que quizá es mucho para ser generado en un solo momento, pero he allí lo maravilloso de esa función, ya que no solo fueron concebidas ideas o abstracciones que habitaron mi mente por un instante de tiempo, eran imágenes, sensaciones y sentimientos que se reunieron y presentaron como un todo,  haciendo de ese breve periodo de tiempo uno digno de nunca olvidar.

Aburrido como la cultura e incongruente como la razón, las palabras que consiguen definir en gran forma lo que busco, lo que deseo, y lo que podría aparentar ante los ojos de la mirada vulgar. Si se comprende lo que he dicho aquí y se tiene una noción precaria sobre cultura y razón, se podrá comprender la frase en su conjunto, se comprenderá mucho de mi comportamiento, sino, es que simplemente ha malgastado segundos de su vida leyendo algo que de nada le servirá.

 

La mujer a la espera de su destino. Tiempo que conduce a la sumisión o al despertar de esa pequeña chispa de incertidumbre que surge dentro de su persona. Con la llegada del panorama generado por el matrimonio una reacción aterradora para algunos comienza. El ser despierta y una especie de rebelión tanto interna como externa se hace presente. Al final, el camino difícil es elegido. Resulta mucho más confortable enfrentarse a la incertidumbre que genera la búsqueda de la esencia del propio ser, así como el de una muy posible y preferible  soledad a optar por el vacio generado por una vida “segura” dictaminada desde la cuna.

A unos pasos de la maravillosa sala Carlos Chávez se encuentra la sala Miguel Covarrubias –en el centro cultural universitario–. Un espacio íntimo, acogedor y de lo mejor que se puede encontrar en este país en cuanto se refiere a la difusión de la danza en México. Yo lo desconocía, pero hasta que supe de la existencia de los jueves PUMA no falto cada jueves a este lugar. Aunque con la temporada de teatro de la UNAM la decisión se hacía algo difícil de tomar, lo que resulta maravilloso 😀

El día 30 de julio esta compañía de danza se presentara con la antología por su aniversario numero veinticinco –soy mayor que dicha compañía por unos días :-P– en el teatro del palacio de bellas artes. Oportunidad única para deleitarse con una muestra de danza exquisita en el que quizá es el mayor recinto cultural de este país. Justo lo que estaba esperando 😀

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