Aburrido como la cultura e incongruente como la razón

A lo largo de mi existencia he logrado reunir un sinfín de discontinua e incongruente palabrería, mucha de la cual, algunas criaturas consideran es lo más próximo a una definición de mi persona. Podría –si fuese un ser benevolente y magnánimo– jugar con dichas palabras tratando de formar una representación mucho más fiel y cercana a mi ser, pero como ello no ayudaría mucho, y dado que no me gusta conducirme lejos de mi naturaleza, optare por otro método.

Había comentado que me alegraba mucho el disponer de un poco de “tiempo libre” –el cual obtenía con la finalización de los laboratorios–  durante estas últimas semanas de clases en la facultad. El poder expandir mis medios de enriquecimiento personal –los cuales pueden fungir al mismo tiempo como medio de recreación– era uno de mis deseos que pensaba realizar en ese pequeño periodo de tiempo.

Como también han de saber, la música representa mi primera opción a la hora de pensar en algún evento denominado cultural. Dado que durante el último semestre escolar había palidecido de serios “problemas” en la cuestión de poder asistir a los conciertos que deseaba, comencé a idear en la manera en cómo podía saciar la ansiedad que me carcomía para cumplir con cierto número de conciertos o eventos. Después de meditarlo un poco comencé a notar que los conciertos de música son grandiosos, pero una parte de mi quería explorar algo más. Quizá sea el simple hecho de que no soy más que un amante de la música sumamente frustrado lo que genero la impetuosa necesidad de buscar algo –o alguien– que de alguna manera me mostrase una perspectiva diferente de la música, que me enriqueciera de una forma distinta de como lo venía haciendo –y no es que fuese malo, solamente que creo que algo como es la música me puede conducir a algo mucho, pero mucho más profundo de lo que he conseguido–.No tarde mucho en dar con lo que creo es el acompañante natural de la música…la danza.

Son pocas  las veces que he asistido a un evento de este tipo –cuatro o cinco, cuando mucho–, y en estas no he hecho más que confiar en lo que se sobre la música que emplearan para más o menos hacerme a una idea de lo que podría esperar –aunque siempre difieren sobre lo que había pensado–, razón por la cual confieso que en cuestiones de danza soy un neófito en su máxima expresión. No entiendo mucho, de hecho, y para ser completamente sincero, entiendo nada, no obstante, y a pesar de todas las carencias que pudiera poseer, la danza me agrada en muchos sentidos. Me gusta la incertidumbre que genera en mi persona las miles de posibilidades que brinda la pieza –un apego directo al contexto (estado emocional del compositor) que dio forma al nacimiento de la pieza, el resultado final (el cual aunque transmite la misma idea o sentimiento, se puede encontrar proyectada en otro evento que poco tiene que ver con el original) o simplemente tomarla como el escucha la comprende–, como se desenvolverán, pero sobre todo, me fascina ver como los bailarines hacen de la pieza algo suyo, como la sienten y disfrutan, ver como todo ello lo consiguen proyectar de una forma hermosamente natural –que en esencia creo lo es– a pesar de que ello ha sido meditado, estudiado y ensayado meticulosamente una y otra vez.

Y es que en aquella noche de jueves, todo se conjunto para que al menos una gran parte de la función realmente me dejase boquiabierto. Primero, la compañía era de danza contemporánea, lo que se podría decir, sirve para hacer más accesible –dado que es algo que se distancia un poco del rigor técnico y se acerca más a lo meramente interpretativo– el disfrute de la obra, claro, solo si al igual que yo, apenas comienza a adentrarse en esta expresión artística y cultural. Segundo, que de la compañía ya había oído antes y el medio a través del cual me entere sobre la presentación ofrecía una reseña bastante útil sobre la temática de cada una de las representaciones. Y por último, el que se utilizara el Danzón no. 2 para una de estas obras me hizo pegarme al asiento y prestar atención a cada detalle, disfrutar de cada desenvolvimiento, estando dispuesto a dejarme maravillar por todas y cada de las sublimes expresiones corporales que las tres bailarinas nos obsequiarían.

Y es que fue justo allí, en dicha obra, donde, apenas hace poco más de un mes –y por medio de una expresión visual– que redescubrí la soberbia y elegancia de una creación musical bastante conocida, idónea acompañante para tan bello homenaje a una profesora sumamente respetada y admirada como es Guillermina Bravo y que para mi persona posee la misma esencia que muchos encuentran en este ser y que yo encuentro en cada nota del Danzón No.2 de Arturo Márquez: la representación sutil y necesaria de la transición de lo rígidamente técnico como base, a lo interpretativo y expresivo.

En vivo resulta un deleite para la vista, un espectáculo hermoso en muchos aspectos, el cual tiende a perderse a través de la lente de la cámara –sobre todo si esta es colocada en una superficie de ladeada :-P–

De una forma mucho más personal he de decir que el nivel expresivo que poseía el trabajo de Contempodanza logro estremecerme en gran cantidad de ocasiones. El apoderamiento, apasionamiento y reclamación que las bailarinas hacían de la música –que de cierta forma era una manera de mostrar la labor de esta profesora por la danza–, así como el dominio que poseen de su cuerpo y su nivel de expresión corporal fue algo –y lo digo muy en serio–que me conmovió en un grado bastante elevado –lo bueno que fui solo :-P-, lo cual pocas veces he experimentado con algo distinto a la música. Simplemente me resultaba imposible el poder imaginar la rica perspectiva de la existencia que seres como ellos han de construirse cuando el mismo medio de contacto con su entorno funge como su mayor medio de expresión. Elevar a tal grado la comprensión y entendimiento de sus cuerpos debe permitirles alcanzar un nivel de entendimiento de sus personas como pocos, muy pocos seres en el mundo deben lograr. Y ello, sin espacio para la duda, es algo que me penetro muy dentro de mí ser logrando despertar cierto sentimiento de envidia por lo afortunado que pueden llegar a ser los bailarines. Y es que por más que me esfuerce jamás podre expresar una idea mía por medio de algo tan vivo y directamente ligado a mí persona como lo es mi cuerpo. Me resulta algo triste el saber que únicamente conseguiré expresar muchas de mis ideas con construcciones totalmente ajenas a mi persona y muchas de las cuales jamás llegare a contemplar como algo físico siquiera. Y aunque este pensar puede resultar bastante deprimente en muchos sentidos, no lo es en su base, ya que me reconforma el saber que de seres como ellos yo puedo contemplar y enriquecerme de algo que jamás podre lograr, sin olvidar que mi campo es otro y las recompensas que el mismo me bridara son diferentes pero igualmente satisfactorias.  

Al final de la función, y mientras viajaba de regreso a casa, no podía dejar de recordar mucho de lo visto, trataba de tomar únicamente pequeñas partes, algo que al final resultaba imposible dado que cada pequeño momento que recordaba tendía a conectarse con otro, y este con otro hasta llegar a un todo. Todo que me incitaba a la reflexión de la obra en su conjunto. Cuando al fin tuve conciencia de lo que sucedía descubrí algo interesante, y es que de las expresiones culturales jamás he pensado ni sentido que estén allí para el simple entretenimiento. No, su nacimiento y su razón se der se debe a razones diferentes: reflexión y medio de encuentro con uno mismo, algo totalmente lejano a la diversión y evasión que tanto desea el hombre vulgar. De allí que mi persona adore la música, que adore dicha función de danza y otras formas culturales como lo son el teatro.

El poder tener conciencia plena de ello termino por redondear el día. Y es que fue gracias a una expresión artística que hasta hace poco tiempo atrás se encontraba distante a mi persona que termine por encontrar otra pieza, otro momento que condujo a un entendimiento mayor de mi persona. Fue de hecho en esa misma noche cuando la frase que titula esta entrada nació y que de forma inmediata desbordo todas las ideas y pensamientos escritos. Pensaran ustedes que quizá es mucho para ser generado en un solo momento, pero he allí lo maravilloso de esa función, ya que no solo fueron concebidas ideas o abstracciones que habitaron mi mente por un instante de tiempo, eran imágenes, sensaciones y sentimientos que se reunieron y presentaron como un todo,  haciendo de ese breve periodo de tiempo uno digno de nunca olvidar.

Aburrido como la cultura e incongruente como la razón, las palabras que consiguen definir en gran forma lo que busco, lo que deseo, y lo que podría aparentar ante los ojos de la mirada vulgar. Si se comprende lo que he dicho aquí y se tiene una noción precaria sobre cultura y razón, se podrá comprender la frase en su conjunto, se comprenderá mucho de mi comportamiento, sino, es que simplemente ha malgastado segundos de su vida leyendo algo que de nada le servirá.

 

La mujer a la espera de su destino. Tiempo que conduce a la sumisión o al despertar de esa pequeña chispa de incertidumbre que surge dentro de su persona. Con la llegada del panorama generado por el matrimonio una reacción aterradora para algunos comienza. El ser despierta y una especie de rebelión tanto interna como externa se hace presente. Al final, el camino difícil es elegido. Resulta mucho más confortable enfrentarse a la incertidumbre que genera la búsqueda de la esencia del propio ser, así como el de una muy posible y preferible  soledad a optar por el vacio generado por una vida “segura” dictaminada desde la cuna.

A unos pasos de la maravillosa sala Carlos Chávez se encuentra la sala Miguel Covarrubias –en el centro cultural universitario–. Un espacio íntimo, acogedor y de lo mejor que se puede encontrar en este país en cuanto se refiere a la difusión de la danza en México. Yo lo desconocía, pero hasta que supe de la existencia de los jueves PUMA no falto cada jueves a este lugar. Aunque con la temporada de teatro de la UNAM la decisión se hacía algo difícil de tomar, lo que resulta maravilloso 😀

El día 30 de julio esta compañía de danza se presentara con la antología por su aniversario numero veinticinco –soy mayor que dicha compañía por unos días :-P– en el teatro del palacio de bellas artes. Oportunidad única para deleitarse con una muestra de danza exquisita en el que quizá es el mayor recinto cultural de este país. Justo lo que estaba esperando 😀

Una gran aplicación a la teoría de aproximación de funciones de Chebyshev

Resulta sumamente interesante el poder observar el resultado final de una aplicación “diferente” a una teoría que comúnmente tiene un uso muy específico. Dicha labor, poco practicada, puede existir solamente cuando un estudioso de las matemáticas “renuncia” a los limites definidos que su área le indican para explorar horizontes un tanto lejanos –para algunos– con el único afán de perseguir un impulso nacido en lo más hondo de su ser y que finalmente lo conlleva a la creación, a un resultado especial y diferente.

Durante la primera semana de vacaciones, y mientras examinaba algunos libros y apuntes sobre  áreas y temas de sumo interés con el fin de hacer un listado de temas en los que debo profundizar, tuve la fortuna de encontrar el hilo que me condujo al descubrimiento de un artista holandés que me dejo boquiabierto.

Partí de los filtros más básicos para hallar el camino más adecuado a seguir, con lo que llegue a la aproximación Butterworth, una vez allí seguir por la teoría de aproximación Chebyshev, sin darme cuenta  me encontraba ya, totalmente inmerso e indagando dentro de las funciones de aproximación de Chebyshev, teoría y principio básico en la obra de Theo Jansen.

Desconozco el funcionamiento de las maquinas de Theo Jansen, y como hace uso de la teoría de Chebyshev para su fin, únicamente se que esta teoría es capaz de resolver el paralelogramo de Watt –el cual se encarga de convertir el movimiento circular en linear, y que es base fundamental en las maquinas de vapor– y otros problemas de mecánica muchos más sofisticados como los que emplea Jansen. Lo cual resulta demasiado interesante ya que por otro lado yo como ingeniero en computación lo ocupo para el diseño de algunos filtros, un fin y aplicación diametralmente distinta a las que en mecánica se buscan, aunque, se diseñan empleando exactamente la misma base lógica. La gran diferencia es que mis resultados no sean tan impresionantes para la vista 😛

Como todo artista, Jansen requiere de un pequeño discurso que respalde su obra y no sea vista como un simple juguete por parte de los “descubridores” y curadores dentro del mundo de arte, o como una mera ociosidad científica por parte de la comunidad a la que originalmente perteneció. Discurso que básicamente trata de despejar las dudas sobre el supuesto paralelismo existente entre ciencia y otras áreas del pensamiento humano, en este caso la ciencia. Mostrando la sublime fusión entre la rigidez del pensamiento racional que conducen al mínimo esfuerzo plasmado en extrañas figuras con un caminar hipnótico pero que finalmente resultan hermosas en muchos sentidos: desde lo estético –bueno, si no se es muy exigente :-P–, pasando por lo ideológico, hasta llegar a lo abstracto. Y es que para los que creemos que términos como multidisciplinario, o ingeniero “raro” nos parecen simples etiquetas –cercanas a lo peyorativo– usadas por gente convencional acostumbrada a los limites que ellos mismos se han impuesto al autodefinirse dentro de un área de trabajo por el simple miedo –sin contar con la pereza mental que palidecen al tener que exigirse más de sí mismos– que la incertidumbre de otras áreas les generan, el trabajo de Theo Jansen nos resulta inspirador y de cierto modo un justo transgresor a los anacronismos que se resisten a perdurar en nuestras sociedades y que es labor de unos cuantos proseguir derruyendo.

¿Arte o mera ociosidad científica? En lo personal la etiqueta me resulta irrelevante si se comprende lo que su trabajo representa. Me gusta pensar que en un futuro las generaciones estudiaran la razón de la cerrazón de la sociedad actual  y su alta capacidad para encapsularse dentro del cómodo y seguro terreno de lo conocido.

¿Cambio de imagen?

Lo había comentado hace poco, el momento de cambiar mi estilo en la forma de vestir y el cual me caracterizo por cerca de siete años habría de ser modificado.

Con esa idea en mente me había puesto a ahorrar dinero para que durante estas vacaciones llegase el momento de decidir cómo sería mi apariencia. Tenía un buen de dudas, ya que aun deseaba preservar ciertos elementos que desde siempre me gustaron en mi vestimenta solamente que no sabía cómo conseguirlo. Quería hacer del cambio algo nada radical, irme despojando poco a poco de las gabardinas y las botas para incorporar el otro tipo de vestimenta hasta que pasado un periodo de un año el cambio se hubiese dado.

Al final, con un montón de dudas y dinero que debía ser gastado, mi mente me ofreció una alternativa diferente para el destino de ese dinero: comprar un teclado o algún instrumento musical –estuve a nada de comprar un clarinete :mrgreen:– y dejar la vestimenta a un lado.

Fue a través de un sueño que la ansiedad por el poseer un instrumento musical surgió. Aproximadamente la idea de adquirir uno, rondo en mi mente por dos días. Una vez que sabía que no podría sacar dicha idea fuera de mi mente hasta hacer algo al respecto. Al día siguiente me desperté, hice ejercicio, me bañe, desayune y me fui a las tiendas de instrumentos musical con dinero en mano para poder adquirir un instrumento que tanto deseaba mi persona.

El teclado que deseaba era el CASIO CTK300, uno que si bien no es el mejor del mercado, es el que ofrece los mínimos requerimientos para comenzar a aprender a tocar dicho instrumento. No sé si fue por mi mala fortuna pero en el par de tiendas que acudí dicho modelo no estaba en existencias.  Por lo que no tuve más alternativa que seguir acudiendo a tiendas con tal de encontrarlo.

Como sabia que me sobraría algo de dinero pensé en invertirlo en la otra actividad que tantas satisfacciones me ha dado. Necesitaba comprar algo de peso y una barra fija para poder realizar ejercicios que hasta ahora no había podido. Habrán sido las circunstancias que rodearon los últimos días de clases, quizá el hecho de haber sufrido un dolor de pecho bastante fuerte en más de una ocasión lo que me impulso en última instancia en detenerme frente a una tienda de aparatos para gimnasio.

Me quede sentado por periodo de tiempo fuera de la tienda, y aunque la gente me vio medio raro, no hice otra cosa más que ignorarlos y pensar en la elección a tomar. El teclado era algo que realmente deseaba, pero sabía que muy posiblemente no lo soltaría a lo largo de las vacaciones, algo malo, ya que necesitaba ir armando una posible tesis en caso de que no se den los resultados que deseo este semestre. Para ello necesitaba tiempo y el teclado estoy seguro no me lo cedería fácilmente. Por otra parte, la presencia de los fuertes dolores de pecho –que en ese preciso instante me hizo pensar que era algo del corazón–, no me gustaron para nada. Y aunque en primera instancia pensé que eran efectos secundarios causados por todo el Red Bull que había tomado en el semestre, no podía dejar de pensar que ello también pudo ser un terrible dolor muscular causado por el descenso en el ejercicio aeróbico durante todo el semestre.

Al final, lo que parecía una decisión nada fácil de revertir, surgida en lo más profundo del subconsciente, fue finalmente rebatida por la parte consciente y lógica de mi persona. El teclado habría de esperar si en dicha tienda encontraba algo que realmente me gustase –y me alcanzase para comprar :-P–.

Una vez en la tienda y sin mirar mucho supe que lo que necesitaba era una bicicleta fija. Mi persona se sentía con un poco de peso extra –lo que no se si sea cierto :-P– y dicho aparato me ayudaría a eliminarlo, sin mencionar que se me presentaba como la alternativa para dejar de hacer curls, desplantes, sentadillas y demás ejercicios que tanta flojera me dan. El problema era decidir si llevármela armada o sin armar. Dado que conozco lo que es armar un aparato como estos en casa, se me hizo fácil tomar la decisión de llevármela armada. Una vez pagada y dispuesto a llevármela a casa, me di cuenta que pesaba demasiado como para si quiera sacarla cómodamente de la tienda y buscar un taxi. Afortunadamente la encargada de la tienda se mostro de lo más amable y me ayudo en todo momento, sin mencionar a un par de empleados, quienes me ayudaron a desmontar algunas piezas –base y manubrio– para que esta pudiera entrar en el  taxi, el cual también fue llamado por ellos, además de que me ayudaron a cargarlo –mientras yo solo veía– para que al final todavía me dieron la mano y una palmadita despidiéndose de una manera tan amable que yo quede gratamente sorprendido por el trato. 

Aproximadamente 12 horas a la semana es el tiempo que paso en este espacio. Y aunque solo tengo tres semanas con la bicicleta, puedo decir que es de las mejores inversiones que se pueden hacer. Ingenuamente creía que sería la alternativa para dejar de lado ciertos ejercicios que en ocasiones tanta flojera me daban el pensar hacerlos –curls, desplantes, sentadillas, etc.,etc.–. Sin embargo, ha resultado ser todo lo contrario: el impulso y complemento que ahora me motivan a no dejar de hacerlos 😀

Confieso que nunca me ha gustado tomar una cosa para dejar otra, sobre todo con un escenario como el que se me había presentado, donde al salir de mi casa yo me veía regresando con un teclado, y sin tantos problemas.  Pero una vez que llegue a casa, me sentí totalmente aliviado por todo lo acontecido en esas horas que estuve fuera. No quede para nada arrepentido por haber tomado dicha decisión y aunque aun deseo comprar mi teclado pronto, creo yo que lo mejor es aguardar un poco. Lo mismo sucede con la ropa, ya que después de pensarlo me di cuenta de que realmente me interesa demasiado poco, no me serviría si ello implica dejar de adquirir cosas que por el momento mi persona desea más que otras.  Por lo que creo que mi cambio en mi apariencia deberá posponerse por más tiempo, ya que al ver y tocar un teclado de cierto nivel de calidad uno no puede marcharse sino anhelando volver para llevárselo consigo.

Yamaha NP30, un teclado que con el simple hecho de  tocarlo uno queda enamorado del mismo. Su único defecto fue el precio, ya que poco mas de 6000 pesos por un teclado no es algo que en ese momento podría pagar, a menos claro, que me hubiesen vendido solo la mitad 😛

Lamentablemente y en mi calidad de estudiante, aun no puedo adquirir tan fácilmente este tipo de medios que seguramente me conducirán a un placer de bienestar mucho mayor en mi vida. Y aunque la espera sea larga, estoy completamente seguro que una vez alcanzada la meta podre adquirir ciertos juguetes que por ahora solo puedo anhelar poseer 😦

 

Y si, para los que ya me han dicho –más los que faltan– que comencé a entrenar como mujer, tienen razón. De hecho, de mis rutinas en la bicicleta, mucha ayuda he recibido de las mujeres. De igual forma que en las pesas, ayuda de homosexuales he recibido ayuda desde un inicio. Ello no es algo que me de vergüenza reconocer, ya que…

desde siempre he dicho que hago ejercicio por razones diferentes a la mayoría. Y es que cuando las rutinas que emplean tanto homosexuales como muchas mujeres persiguen un fin similar al que yo por el momento busco –salud, tonificación y eliminación de grasas, y no aumento exhorbitado de la masa muscular–, uno no puede hacer otra cosa que emplearlas 🙂

Feliz Cumpleaños Miles Davis

Sin lugar a dudas, Miles Davis no solo cambio la forma de hacer música, modifico e influyo en cientos de miles de personas sobre nuestra manera de ver la vida. Un hombre se mide por el valor y congruencia de sus acciones respecto lo que dice y piensa, quizá por eso, Miles Davis es uno de los grandes hombres de los que me he nutrido y que ha dotado de moldura y sentido –juntos a muchos otros– a mi existencia. Un genio desconocido por la masa, pero cuya existencia fundamenta a muchos de los generos musicales –con cierto grado de calidad, he de aclarar– existentes hoy en día. Gracias por todo Miles Davis 🙂

“No tocaré allí donde van esos blancos con los bolsillos llenos de dinero y para quienes la música es una manera de excitarse y excitar a las mujeres que les acompañan. No van a escuchar buena música. Beben demasiado, son ruidosos. Van para que les vean y oigan. Saltan, gesticulan y bailan. No tienen ninguna compostura y no respetan a sus mujeres. Si hay un grupo negro sobre el escenario, lo que quieren en realidad es ver un espectáculo en plan “tío Tom”. Luego está ese tío que vocifera “¡Hey, colega! Toca “Sweet Georgia Brown”. Y entonces, haces una mueca y tocas el tema. Odio tocar en un sitio lleno de esa gentuza. Si no existiese otro tipo de público, me quedaría en casa y viviría de las rentas.”

Sobre la hipocresía en los gustos musicales

El otro día mientras estaba en una clase ajena a mi carrera, un compañero que posee hiperactividad –controlada– estaba conversando conmigo sobre gustos musicales. Dado que su actitud ha provocado que el resto del grupo se aleje de su persona, y dado que la postura del grupo en general le molesto, casualmente tiende a realizar comentarios despectivos y de claro menosprecio por el grupo.

En dicha conversación llegue a decir que no escuchaba música popular, algunos oyeron y al notarlo, este sujeto uso mis palabras para hacer una mofa de la música que en semanas pasadas se habían develado –a través de un ejercicio de conversación– como los “predilectos” por el grupo. Dado que el tiene estudios en el conservatorio, nadie se atrevió a decir nada, bueno, solo un sujeto de nombre Julio me pregunto con cierto tono que si en la música “clásica” o el jazz que tan frecuente se puede hallar a fanfarrones que escuchan algún genero por mera pose, esto en una clara afronta a la actitud del sujeto que conversaba conmigo. Como a mí no me interesan en lo más mínimo sus pueriles confrontaciones solo respondí que era exactamente como en todo género musical. Aunque ahora que lo meditaba…

Es desilusionante saber que encontrar a un amante del jazz o la música académica de mi edad, es prácticamente imposible en este país. Lo que me conduce a encontrarme con un entorno un tanto diferente al que habitualmente me ofrecieron los demás géneros musicales. No obstante, la mayoría de las personas con las que he convivido en un entorno meramente jazzístico, distan de ser del estereotipo generado por la sociedad, aunque lo que no había realmente notado es que una vez que son cautivados por dicho género, difícilmente vuelven a oír otro género. La razón la desconozco, aunque yo me encuentro en una situación similar. Lo mismo sucede con la música académica y supongo que mucho tiene que ver con el grado de universalidad de dichos géneros. Y no, no me refiero al universalismo barato que se maneja hoy en día, sino que hago referencia a algo básico y profundo en la naturaleza del ser humano: su tendencia a la expresión de emociones por medio de la música.

Aunque hay casos excepcionales, eso no lo niego.

Sí, yo creo que en ello radica el hecho de que la gran mayoría de personas que tienen un interés genuino por géneros como el jazz y la música académica hagan de lado el resto. El que su base se encuentre fundamentada en aspectos del tipo musical en vez del lirico le hace poseer un potencial mayor de universalización que el segundo, aunque no necesariamente de comprensión y aceptación en igual proporción. Y es que la palabra escrita aun me parece una actividad sumamente “cerebral”, demasiado meditada antes de ser pronunciada, no así la libertad de las notas que pueden ser concesivas en el preciso instante en que se conocen las líneas de escala y la melodía, de allí que me resulte tan intrigante y maravilloso el jazz. La música académica por su parte es racional en muchos aspectos pero las grandes piezas logran transmitir las emociones y el estado en el que se encontraba el compositor, y todo a través de construcciones sonoras.

A nivel personal, tanto el jazz como la música académica me resultan ser como un retorno a lo esencial. Intentar explicar ello resultaría inútil, inefable es,  no creo que requiere ser explicado o demostrado porque de una u otra forma todos lo hemos vivido y sentido. Es como si uno se encontrase con el camino que alguna vez uno extravió y que por alguna impetuosa necesidad requiere ser retomado.

Мстислав Ростропович interpretando a Bach es el caso más general que me viene a la mente. ¿Quién no ha escuchado y ha quedado maravillado con esta pieza? La pregunta interesante es porque una vez descubierto dicho sonido hemos tenido a mal abandonarlo. No tengo ni idea de cuando esta pieza se grabo en mi mente, ni cuantos años estuvo guardada a la espera de volver a oírla. Solamente se que desde el momento en que estas notas volvieron a mis oídos, no tenía intención alguna de volverlas dejar escapar.  

De que si existe pose o no en algún genero, pues creo que siempre la ha habido y siempre la habrá, aunque ello no dice nada del genero en sí. De hecho, creo que la función de los artistas que viven del público que gustan de la “pose”, cumplen –hasta cierto grado– con una función cercana a la de acercamiento y quizá hasta de introducción a dichos géneros. Lo reprobable surge cuando estos compositores, músicos o intérpretes se elevan a un grado mayor de lo que son. Pero bueno, siempre ha sido así.    

 

Difícilmente alguien que vive de las apariencias podrá escuchar y apreciar la música de seres como Bill Evans o Béla Bartók. No sé, creo que hasta sería raro y ridículo ver que alguien después de escuchar algo como esto se “deleitara” con Lady Gaga, Shakira, Juanes, Luis Miguel o similar, aludiendo a la profundidad de sus letras 🙄

Sobre el porqué vale la pena desprenderse de nuestras “vidas”

Esta semana terminaron los laboratorios en la Facultad. En verdad sigo sin comprender la razón de ser de dichos laboratorios, pero dado que es un requisito…

En mi ingenua ilusión mostré mi entusiasmo por “salir temprano” dos días a la semana. Entrecomillo salir temprano porque para la gran mayoría de las personas de este país tener un horario de entrada a las siete am y de salida a las seis pm –en vez de las ocho pm– no representa ningún motivo para sentirse feliz, mas no así para mi persona, quien encontró en estudiar once horas en vez de trece un verdadero apremio a todo el esfuerzo y motivo para sentirse de mejor humor que de costumbre, sobre todo porque determinados días se presentan ciertas actividades al poco tiempo de mi salida y que en verdad tenía un buen de ganas acudir 😀

Lo interesante del asunto no es tanto el saber porque me agrada tanto tiempo estudiar –algunos afirman que soy un nerd en construcción, aunque nada mas equivoco que ello podría ser– sino la razón del porque lo hago. Es creíble que en un país como Estados Unidos, Alemania, Japón, Italia, etc. los jóvenes se sientan motivados a estudiar carreras relacionadas con las matemáticas, pero no así en un país tercermundista y malagradecido con la ciencia, donde las oportunidades de desarrollo para todo aquel interesado en la ciencia son bastante limitadas.

Por más que lo medito no puedo encontrar otra respuesta de que es única y exclusivamente pasión pura. Ello lo sé porque no tenemos en esta país ningún estimulo real para dedicarnos a la ciencia, la gente minimiza nuestro trabajo o sencillamente no le interesa. La ciencia como medio para alcanzar un nivel de compresión de los hechos que desde niño siempre me ha acompañado, y que creo en mayor o menor medida todos hemos poseído, es lo que representa para mi persona, aunque también lo es como símbolo y medio de escape de una sociedad que en muchos aspectos me asfixia. Poder migrar al que considero el país con la mejor sociedad del globo y poder trabajar con ellos es lo que más deseo. Sentir el aprecio por mi trabajo, por mi esfuerzo, por lo que representa y creer que existen seres como yo que buscan algo más que una efímera existencia es algo de lo que veo en la ciencia.

Cada día, después de dormir poco más de 3 horas, despierto preguntándome si en verdad vale la pena el esfuerzo. Al cabo de unos minutos mi persona sabe que si lo vale y se levanta sin ningún titubeo. Más aun desde el día que me encontré una imagen que subraya lo fácil que en ocasiones es mi camino y del cual aun tengo necesidad en ocasiones de hacer más difícil de lo que en realidad es.

De todas la imágenes que he conseguido en la red, esta es de las pocas que me provocado un sinfín de emociones y pensamientos en mi ser, y que fácilmente me responde a la pregunta de porque fui capaz de despojarme de lo que algunos nombran “placeres de la vida”.

 

Simplemente lo hacemos porque es la naturaleza humana. Somos lo que somos porque hemos sabido escuchar a nuestro ser y seguir nuestras pasiones a pesar de que el panorama parece bastante desolador.

¿Malgastar el tiempo que algún día extrañe dicen? Es gracioso, pero mientras en México un ingeniero promedio estudia cerca de ocho horas al día, en casos extremos un ingeniero chino llega a estudiar cerca de ¡dieciocho! –supongo que son casos excepcionales o simple propaganda intimidatoria, lol–, y lo peor es que nos superan poco menos de diez a uno.